La Biblia tiene mucho que decir acerca de cómo Dios valora la vida. Dios es el autor de la vida (Génesis 1:27), y las Escrituras indican claramente que Él forma a los niños en el vientre de su madre. Por lo tanto, en Christ Fellowship defendemos la santidad de toda vida humana, desde el vientre hasta la tumba. Aquí hay algunas Escrituras a lo largo de la Biblia que hablan del valor de la vida:
Jeremías 1:5 nos recuerda que Dios nos forma en el vientre y tiene un propósito para cada uno de nosotros.
—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;
antes de que nacieras, te aparté
y te nombré mi profeta a las naciones.
Salmo 139:13-16 refuerza esta idea. Como enseña el rey David, Dios estuvo íntimamente involucrado en nuestra formación desde el comienzo de nuestra existencia, y cada uno de nosotros es una persona distinta: ¡especial, maravillosa y creada con un propósito!
Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo
y me entretejiste en el vientre de mi madre.
¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!
Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien.
Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto,
mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz.
Me viste antes de que naciera.
Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro.
Cada momento fue diseñado
antes de que un solo día pasara.
En Lucas 1:39-45 leemos que Elisabet estaba embarazada de aproximadamente seis meses de Juan el Bautista, y aunque aún no había nacido, este pasaje demuestra que Juan estaba vivo, activo y respondió a la voz de María, la madre de Jesús, cuando aún estaba en el vientre.
Pocos días después, María fue de prisa a la zona montañosa de Judea, al pueblo donde vivía Zacarías. Entró en la casa y saludó a Elisabet. Al escuchar el saludo de María, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo.
Elisabet dio un grito de alegría y le exclamó a María:
—Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y tu hijo es bendito. ¿Por qué tengo este honor, que la madre de mi Señor venga a visitarme? Cuando escuché tu saludo, el bebé saltó de alegría en mi vientre. Eres bendita porque creíste que el Señor haría lo que te dijo.
Incluso a través de luchas intensas, Job nos recuerda que la vida es un regalo de Dios y Él busca cada oportunidad para mostrarnos bondad y guía.
Tú me formaste con tus manos; tú me hiciste,
sin embargo, ahora me destruyes por completo.
Recuerda que me hiciste del polvo;
¿me harás volver tan pronto al polvo?
Tú guiaste mi concepción
y me formaste en el vientre.
Me vestiste con piel y carne
y tejiste mis huesos junto con mis tendones.
Me diste vida y me mostraste tu amor inagotable,
y con tu cuidado preservaste mi vida.
Como en uno de los Diez Mandamientos, Dios enseña que Él valora y protege la vida, y si alguien decide quitar la vida de alguien más, tendrá que rendir cuentas.
No matarás.
Éxodo 20:13
Sin embargo, en Gálatas 1:14-15, el apóstol Pablo también comparte que no importa lo que hayamos hecho, Dios siempre está listo para darnos la bienvenida a casa mientras nos arrepentimos y reconocemos a Jesús como nuestro Señor y Salvador.
Yo aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, mostrando mucho más celo por las tradiciones de mis antepasados.
Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por Su gracia, tuvo a bien.
En Hechos 17:27-28, el apóstol Pablo predica a una multitud diversa de personas, haciéndoles saber que toda su existencia depende de nuestro Creador porque Él es el autor de la vida.
Su propósito era que las naciones buscaran a Dios y, quizá acercándose a tientas, lo encontraran; aunque él no está lejos de ninguno de nosotros. Pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Como dijeron algunos de sus propios poetas: “Nosotros somos su descendencia”.
En Salmo 119:73, leemos que Dios nos creó y desea una relación con nosotros. A medida que aprendamos Sus caminos, ¡Él nos bendecirá con sabiduría, fuerza y amor eterno!
Tus manos me hicieron y me formaron;
Dame entendimiento para que aprenda Tus mandamientos.
¡El Salmo 100:3 nos recuerda que no somos un accidente! Dios nos ama y quiere “pastorearnos” a medida que avanzamos en la vida, ¡para no volver a estar solos nunca más!
Sepan que Él, el Señor, es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo Suyo somos y ovejas de Su prado.
Leemos en Salmo 127:3-5 que los niños son una bendición de Dios y deben ser nutridos, protegidos y celebrados.
Los hijos son un regalo del Señor;
son una recompensa de su parte.
Los hijos que le nacen a un hombre joven
son como flechas en manos de un guerrero.
¡Qué feliz es el hombre que tiene su aljaba llena de ellos!
No pasará vergüenza cuando enfrente a sus acusadores en las puertas de la ciudad.
En Isaías 49:1-5, el profeta Isaías declara que incluso cuando estaba en el vientre, Dios tenía un llamado en su vida, el cual comienza con ser un siervo del Señor.
El Señor me llamó desde antes que naciera;
desde el seno de mi madre me llamó por mi nombre.
En Proverbios 31:8 leemos que todos los cristianos deben hablar por aquellos que no pueden hablar, y proteger a aquellos que necesitan protección, indiferente de la etapa de la vida en la que se encuentren.
Habla a favor de los que no pueden hablar por sí mismos;
garantiza justicia para todos los abatidos.
A lo largo de las Escrituras, Dios llama a todos los cristianos a ser amorosos y compasivos con los demás, incluso con aquellos que no están de acuerdo con nosotros o creen de manera diferente a nosotros.
Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia.
Colosenses 3:12
Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
Efesios 4:32
Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran.
Romanos 12:15
Por último, todos deben ser de un mismo parecer. Tengan compasión unos de otros. Ámense como hermanos y hermanas. Sean de buen corazón y mantengan una actitud humilde.
1 Pedro 3:8
¡No! Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno,
y lo que él exige de ti:
que hagas lo que es correcto, que ames la compasión
y que camines humildemente con tu Dios.
Miqueas 6:8
¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
Filipenses 2:1-2